Me dijo el guarda jurado, que a las nueve de la mañana llegaba la fila a la esquina del bar, que está a unos cien metros de la oficina del instituto nacional de empleo. Tal cual ocurre en la España del Sr. Zapatero, se quedo corto en las previsiones.
Al día siguiente me levante bien temprano, cuando aún era oscuro, y me fui andando durante unos veinte o veinticinco minutos hasta la sede del INEM, para no perder el tiempo en llegar cuanto antes a lo que sería una experiencia sin igual.
Cuando llegue, que serían las siete y cuarto de la mañana, calculo que ya habían unas treinta personas en una fila desordenada que salía de la puerta de la oficina, pero a medida que pasaban los minutos pocas veces he visto, salvo caminando en grandes vías como las de Madrid o Barcelona, tal variedad de personas de diferentes razas, culturas y clases sociales, pero esta vez sin pasear ni disfrutar del paisaje, ni de las tiendas, ni del consumo, sino por el contrario, sumidas todas en la tragedia personal que supone el quedarse sin empleo.
Pude ver como una vez pasadas las nueve de la mañana, la "esquina del bar" estaba mucho más cerca, que la distancia que tenían que recorrer las personas que, pensando que llegaban temprano, recorrían atónitos la fila entera hasta el último lugar sin saber, si antes de cerrar la oficina podrían realizar el trámite, ya que un cartel informaba bien claro en la puerta sobre el cierre de la oficina a la hora prevista, aunque queden personas esperando. Menos mal, todo hay que decirlo, que por lo menos en la oficina que yo visité los empleados con celeridad y diligencia, disolvían la multitud de personas con una rapidez increíble.
En la España de hoy, la del Sr. Zapatero, no hay ninguna previsión en cuanto a la crisis que afecta a España que no sea insuficiente.
Todos vimos las noticias de una burbuja que se inflaba con el sector del ladrillo, pero como si de un huracán en otro país se tratase, no le prestamos atención. Todos pensamos y me incluyo, que aquí no pasaría nada, que veríamos pasar la crisis como una simple racha de viento, y más aun cuando la gente del gobierno, en la que se supone que debemos creer, nos dijo una y otra vez que no nos preocupásemos, que todo estaba bien, que no había crisis, que todo era pasajero, que no dejásemos de consumir porque ese miedo lo que haría sería perjudicarnos, que consumiésemos productos nacionales, porque ese dinero se reinvertía en nuestra economía, bla, bla, bla.
Pero resulta que dos años más tarde, y sin el gobierno haber puesto aun las medidas necesarias en la mesa, todavía estamos amenazados, todavía, en más de cuatro millones de hogares por lo menos una persona está ya sin empleo y la cifra sigue aumentando, y lo peor, es que en esas cifras no están contabilizadas las personas que simplemente no trabajan, ni los extranjeros sin papeles a los que ya no les cae ninguna “obrita”, ni toda la gente que trabaja en una economía sumergida cada vez más creciente, y que ven también mermados sus ingresos por la crisis.
Porque todo es una cadena, porque en este mundo globalizado en el que vivimos, no se puede tomar una decisión pensando en que afectará solo a un sector de la población.
Sr.Zapatero, Solbes, Salgado, y todo vuestro combo, salgan a la calle, visiten las sedes del Inem, hablen con las personas, dialoguen, tengan talante, y sonrían explicándole que deben tener paciencia y que hay que arrimar el hombro, a gente que de la noche a la mañana han visto destrozada su economía y todo lo que creían estable, personas a las que el huracán ya le ha ocasionado estragos en sus vidas y les ha deshecho sus planes de futuro.
Una vez más miéntanles, díganles que no pasa nada, que ya no hay crisis y que todo va a mejorar en breve, cuando la realidad, es que esos brotes verdes que se ven, son solo los que nos ha dejado ver el polvo disipado por el viento calmo dentro del ojo de la tormenta, cuando la realidad es que aun falta que nos pase por encima el otro lado.
Raúl Pérez Ortolá.
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